Compitiendo con dos Estados autoritarios y otro fallido

Compitiendo con dos Estados autoritarios y otro fallido

Hoy se dio a conocer desde Berlín y Londres el resultado del Índice de Percepción de Corrupción 2018 que es la medición más conocida y usada internacionalmente para saber la profundidad de este fenómeno en cada país del mundo. Guatemala ha obtenido este último año la puntuación más baja registrada en su historia, quedando como uno de los cuatro peores de la región latinoamericana, al lado de dos países que cuentan con gobiernos autoritarios, Venezuela y Nicaragua y de un Estado fallido como es Haití.

La oportunidad de despegarnos del pelotón de los perdedores en este tema estuvo servida en bandeja de plata en el 2016, cuando asumió el actual gobierno y había confluencia de intereses nacionales e internacionales para avanzar en la lucha contra la corrupción. Pero todos conocemos la historia de los últimos años y la decisión de Morales de abandonar la lucha contra la corrupción y fomentar la impunidad, empieza a rendir sus primeros costos para el país.

Ni los escándalos de corrupción durante el gobierno patriota han tenido el devastador efecto de lo realizado por Jimmy Morales que nos ha colocado en la ruta del descenso en uno de los indicadores más influyentes para la toma de decisiones de inversionistas extranjeros y que aumenta el riesgo país en muchos sentidos.

De hecho, este índice influye en otros igualmente importantes como el de doing business y el índice de democracia, contagiando a los mismos que también registraron una baja en la calificación del año pasado. Las señales que mandamos al mundo con el resultado de estas mediciones es que somos un país que opta por gobiernos que privilegian la corrupción, la impunidad y la violencia en lugar de buscar la transparencia, la vigencia del Estado de Derecho y la paz como pilares de la gobernabilidad.

Realmente era casi impensable que la evaluación obtenida durante el gobierno patriota de Otto Pérez, pudiera ser superada en cuanto a obtener una puntuación más baja pero como dice la ley de Murphy siempre se puede estar peor y es justamente lo que nos hereda la administración Morales.

Pero si la realidad de este año recién pasado es mala debemos esperar a que transcurra el último año de su gestión, tradicionalmente marcadas por mayores niveles de corrupción que acentúan la percepción de gravedad del fenómeno condenándonos casi seguro a otra nueva caída en la puntuación del año siguiente.

El costo de seguir eligiendo malos gobernantes no se queda en casa, se transmite al mundo y tiene costos gigantescos y difíciles de revertir en el corto plazo. Esto sin contar las señales inequívocas que sigue mandando el gobierno de debilitamiento de instituciones clave en la lucha contra la corrupción como el Ministerio Público a quien retira los agentes policiales asignados a la investigación de casos.

La puntuación obtenida por Guatemala este año está muy por debajo incluso del promedio obtenido por la región Subsahariana que integran algunos de los países africanos más empobrecidos, y que fue la peor calificada del globo. El legado de Jimmy Morales empieza a dejar una huella que lamentaremos por años.