Corrupción pura y dura

Esta semana es decisiva para conocer que rumbos tomaran acciones legales emprendidas contra gobernantes de la región, particularmente en Brasil y Argentina, donde se han abierto procesos legales y de impeachment, que están provocando encendidas polémicas y brotes de polarización entre simpatizantes de estas causas judiciales y quienes son seguidores de ambos presidentes que las atribuyen a una conspiración de los partidos de derecha de sus respectivos países.

En el caso argentino es primera vez que tanto la presidenta saliente como el presidente que recién tomo el poder, estén encauzados, en tanto que en Brasil la presidenta ha sumado a su equipo de gobierno al también encauzado, el expresidente Lula. En los dos casos es palpable un debate que toca las posiciones o corrientes ideológicas de los bandos enfrentados.

En Guatemala, los casos emblemáticos de corrupción están vaciados de cualquier contenido político o ideológico, tratándose simple y llanamente de corrupción pura y dura. Ninguno de los implicados puede esgrimir en su defensa la ejecutoria de políticas públicas sociales, culturales o económicas inspiradas en algún ideario político o ideológico, simplemente política mercantilista al servicio del mejor postor.

Tristemente la solitaria golondrina del 2015 no hizo verano y nuevamente hemos entrado al largo invierno que ya es característico de la vida política del país. Cada semana que transcurre del presente año y que coincidió con el estreno de las nuevas autoridades, nos confirma que la denominada primavera política del 2015, fue un fenómeno pasajero que poco a poco se desvanece en la memoria colectiva, ante los frentes fríos que representan las conductas y el desempeño de los nuevos representantes.

Los más recientes acontecimientos ocurridos en el Congreso donde diputados se jactan de conductas que rayan en lo delictivo, chantajeando a funcionarios de su propia organización política, dan cuenta que el ADN que mueve al cuerpo rector de la política siguen siendo las extracciones pecuniarias y el afán de salir del anonimato financiero a costa del erario público.

Evidentemente ver procesados al expresidente Pérez y la ex vicepresidente Baldeti y a muchos otros funcionarios de ese periódico de gobierno, no ha sido suficiente escarmiento para muchos reincidentes aventureros políticos convencidos que su representación es un puesto de peaje que debe rendir las 24 horas del día, durante los próximos 4 años.

Las reformas de Estado tan demandas para salir del coma político, están quedando anestesiadas frente a las agendas mercantilistas. Ni siquiera un proyecto humanitario como el de las casas de los damnificados del Cambray puede ser concluido a 3 meses de gestión del nuevo gobierno y que fue a la vez justificación para continuar con funcionarios del anterior gobierno.

Sin duda la gesta cívico ciudadana del año pasado fue importante para sacar del poder a una banda política abocada al saqueo pero evidentemente hace falta mucho más que una masiva movilización para superar nuestro marcado subdesarrollo político.