Corruptolandia se defiende

Increíblemente las audiencias de declaración de varios de los imputados por los casos de corrupción, lejos de despejar las dudas sobre las acusaciones de que son señalados, confirman que lo que se está juzgando no es únicamente a un grupo de personas, sino a todo un sistema que llego a operar teniendo como principal incentivo la corrupción al punto de considerar el proceso en su contra como una gran injusticia dado que era la forma natural de hacer las cosas en el país.

El expresidente Pérez en su larga alocución, al igual que el resto de señalados, descansa su estrategia de defensa en desacreditar al principal colaborador eficaz de los casos, el ex secretario de la ex vicepresidenta Baldetti, dada la peculiar y única característica de este proceso donde la mayoría de acusados confluyen retenidos en un solo lugar donde pueden platicar y planificar en grupo su defensa, aduciendo que el mismo es un farsante que según el propio ex mandatario, debería ser sometido a examen psiquiátrico.

Pero centrar su defensa en descalificar al colaborador eficaz, tiene sentido si por un lado, tanto Cicig como MP no presentaran pruebas fehacientes de lo afirmado por Monzón, con lo cual están invitando a que dichos entes profundicen en las investigaciones para obtener dichas pruebas, y por otro, se olvidan que si en algún momento el delator, Juan Carlos Monzón, debió haber sido examinado fue cuando fue nombrado en una posición de confianza y poder y de cercano colaborador de ambos ex mandatarios.

Este medio, El Periódico, denuncio en muchas ocasiones el pasado y el perfil de señor Monzón, a quien se vinculaba con delitos de diversa índole, pero en ese momento todas esas acusaciones les resbalaron a los exmandatarios llegando incluso a defenderlo. Es decir, mientras era útil en gestiones que nada tienen que ver con políticas y gestión pública, era un buen aliado y persona de confianza, ahora es un vil charlatán que requiere asistencia psiquiátrica.

Pero lo más descriptivo de este juicio oral y público, es ver a gobernantes y políticos de toda índole defenderse de haber adquirido, yates, autos, naves aéreas, propiedades de descanso, etc. y nunca por decisiones que hayan tomado por asuntos de interés nacional que se supone es para lo son electos y/o designados. El mismo ex mandatario se muestra muy molesto con el comisionado Velásquez, a quien recomienda también consultar un psicólogo, acusándolo de intervenir en asuntos internos poniendo como ejemplo el llamado que hiciera el comisionado a revisar el pago de impuestos.

Todavía no le cae el veinte al expresidente Pérez, que una de las principales acusaciones en su contra es liderar una banda de defraudación tributaria, que entre otros efectos además de robar el dinero de los contribuyentes, es responsable del colapso en los servicios de salud, seguridad, educación, etc. y que el bajo nivel de recaudación fiscal ha sido señalado constantemente por muchas entidades internacionales como el BID, el FMI y el mismo Banco Mundial que considera al Estado de Guatemala como el más pequeño del mundo, por la pobre recaudación frente a la población que tiene que atender.

Era su deber como presidente haber liderado el aumento de la recaudación fiscal y no contribuir a drenar los escasos recursos que posee el Estado para cumplir sus funciones constitucionales. También le molesto al expresidente que el comisionado de Cicig haya convocado a un debate sobre las reformas constitucionales al sector justicia, cuando el mismo desecho la posibilidad de una reforma aduciendo la emergencia provocada por un desastre natural en el 2012, temas totalmente diferentes y sin ninguna conexión.

La principal lección que se desprende de estas declaraciones es que los ex gobernantes padecían el síndrome del perro de hortelano, no gobernaban los asuntos de interés nacional pero tampoco dejan que otros actores asuman la responsabilidad de enfrentar los temas que eran su harta obligación. Es decir que mientras una camada de funcionarios se enriquecía obscenamente, el pueblo calle y aguante.