Del ensayo y error al error por error

El método de prueba y error ha sido históricamente utilizado para la obtención de conocimientos en diferentes campos de la vida. Lo normal es que, si no existen suficientes antecedentes o conocimientos previos, alguien se aventure a probar o ensayar una posible solución o salida al problema que enfrenta. Pero una vez se pone a prueba la posible solución y esta falla, lo más habitual es redefinir el método de búsqueda hasta garantizar mayores probabilidades de éxito en la siguiente prueba.

No ocurre lo anterior con el gobierno de turno que muy fresco, sigue insistiendo en las mismas fallidas propuestas que idénticamente fracasaron hace menos de un año. Es el caso de la iniciativa de decretar el Estado de Calamidad para intervenir en la reparación de la red vial del país, se volvió a topar con la misma barrera que le impuso el Congreso a su misma propuesta del año pasado cuando pretendió poner en marcha el estado de Prevención en septiembre argumentado calamidades producidas por las lluvias.

El gobierno no puede ni debe seguir presentando propuestas de solución que de antemano se saben fallidas. Sin mayoría en el Congreso, el ejecutivo está obligado a buscar apoyos que debería buscar presentando argumentos sólidos que convenzan no solo a diputados de oposición sino también y principalmente a la opinión pública. Seguir “armando globitos a ver si pegan” no solo resulta ingenuo e irresponsable, sino que castiga a la población entera que esta urgida de soluciones a los problemas de infraestructura, salud, educación, seguridad y un largo etc.

El crédito que el gobierno tenía al inicio de su gestión para presentar medidas de excepción se ha agotado y la población todavía se pregunta cuánto tiempo más necesita la administración actual para empezar a identificar soluciones. Si el andamiaje legal y operativo de las adquisiciones y compras públicas es lento e ineficiente lo mejor habría sido armar una mesa de discusión con el Congreso para diseñar un nuevo sistema que permita más agilidad y transparencia.

Al final las iniciativas de estados de excepción lo que buscan es anular la vigencia de esa legislación y poder actuar durante el tiempo que se decreta su vigencia, sin tener que cumplir las normas establecidas. La gran corrupción que llego a acumularse durante los gobiernos anteriores tiene mucho en su origen, en el abuso de decretar estados de excepción prácticamente cada año, en cada invierto o sequía.

Lo realmente interesante es que cada nuevo presidente entrante busque gobernar con estados de excepción, es decir que todos ven en la legislación que rige la administración pública una barrera insalvable, pero en lugar de buscar una reforma integral de todo ese andamiaje legal e institucional, siguen ensayando el mismo método de error por error.

Cierto es que nuestro sistema de partidos políticos es el más volátil de la región y por lo mismo su nivel de aprendizaje y acumulación de conocimientos es prácticamente nulo, pero al menos debería de haber registro de lo que persistentemente no funciona o funciona mal.

También pesa mucho la visión distorsionada que se tiene del trabajo en un sistema republicano democrático, donde la división de poderes y la teoría de controles y contrapesos se dan para buscar la especialización y el freno a los abusos de poder, siempre buscando que el trabajo unitario de un Estado se traduzca en políticas de consenso. En nuestro caso, cada poder del Estado funciona como una isla que busca como causar un tsunami en la otra.