Del outsider al destroyer

En la vida política contemporánea, es cada vez más usual la aparición de los llamados outsiders que son personajes que han destacado en alguna rama que no es la política, pero que, a pesar de su total inexperiencia en asuntos de Estado, se presentan para ser elegidos como presidentes o alguno otro cargo de importancia para dirigir un Estado, siendo su mayor atractivo sus ofertas electorales que se salen del mercado político convencional, criticando muy hábilmente todo pero sin proponer nada sustituto.

Cada vez son más los casos en que estos personajes logran su objetivo ante el desgaste y cansancio que siente la población respecto a la clase política tradicional, y también son más frecuentes verlos lucir más extravagantes y agresivos en sus discursos. La semana pasada fue nominado el candidato Donald Trump en una convención republicana plagada de discursos simplistas y populistas que nada tienen de diferente a los que se suceden en cualquier país subdesarrollado del mundo, sea de izquierda o derecha. Siendo un gran empresario, justifica su entrada a la arena política “para que los poderosos ya no puedan golpear a la gente que no puede defenderse por sí misma.”

En su discurso de nominación, Trump ofreció más amenazas que propuestas, ante lo cual era vitoreado frenéticamente. Reafirmo su amenaza de endurecer la política migratoria, por cierto, la palabra migración fue la que más número de veces repitió, lo cual incluye la construcción de un muro en la frontera con México, además de haber advertido que los tratados de libre comercio que ha firmado Estados Unidos con otros países, y particularmente se refirió al de Norteamérica al cual estamos adscritos, serán revisados y posiblemente cancelados, asegurando que son “horribles e injustos acuerdos comerciales”.

Para los países de nuestra región, esto equivale a un eventual cierre de las principales puertas, tanto de productos como de personas, a suelo estadounidense. Puedo imaginar la avalancha humana que se producirá en caso gane Trump, buscando pasar la frontera del rio Grande antes que empiece a poner, seguro personalmente, el primer ladrillo de tal muro. También se verían disminuidas en esa lógica, las inversiones de EUA en esta región, dado que según Trump esos tratados han robado oportunidades de empleo a los estadounidenses que se han visto afectados por la contratación de mano de obra más barata en terceros países.

En otras palabras, un borrón a todo lo actuado en las últimas décadas a cambio de la total incertidumbre, dado que no habla qué sustituirá a todo lo que ofrece derribar. Su silencio sobre el caso Cuba, que significo en la administración Obama un cambio radical a una política inútil de bloqueo de varias décadas, deja abierta la puerta a pensar que también esto podría ser reversible.

Pero la incertidumbre no es solo para nuestra región, amenazó con no cumplir con la Alianza del Atlántico Norte (más conocida como OTAN) que reúne a los principales aliados militares de Estados Unidos, al asegurar que no defenderá a nadie que no pague lo que corresponda. En cambio, mostro su simpatía con países como Israel que comparte los mismos valores dijo, que los americanos deben pregonar.

Ofreció mejorar todos los servicios públicos al mismo tiempo que disminuir drásticamente los impuestos. En fin, un discurso típico de un outsider, esta vez más cercano a un destroyer qué promete derribar todo lo existente sin decir cómo y por qué va a hacer sustituido.

Obviamente, a diferencia de las prioridades establecidas por la administración demócrata, el triángulo norte de Centroamérica no mereció mención en el discurso de Trump, con lo cual la hasta hoy conocida Alianza para la Prosperidad, tampoco tiene asegurada su continuidad. Más vale entonces, que vayamos agarrando gusto por vivir en los tiempos de la total incertidumbre y del espectáculo político del salto al vacío que prefieren muchos votantes al elegir a sus autoridades.