Desnudos en el paraíso

Sin duda este pasado domingo 3 de abril, se recordara como una fecha parteaguas en el mundo periodístico, por el destape de un esfuerzo investigativo sin precedentes donde participaron cerca de 400 periodistas de casi 80 países de los cinco continentes, que puso al descubierto la operación de una firma legal panameña especializada en la constitución de offshore, que facilito movimientos de capitales incalculables todavía, en los denominados paraísos fiscales, dejando al desnudo a muchos de sus usuarios, entre los que destacan políticos y gobernantes a nivel planetario, miembros de la farándula mundial, famosos deportistas, y de personas sospechosas de pertenecer a redes criminales internacionales de todo tipo.

Con alcance mundial, la firma istmeña ofrecía sus servicios a una amplia gama de clientes que de ahora en adelante quedaran expuestos a potenciales investigaciones fiscales y penales en sus países de origen por posibles delitos de evasión, lavado de activos y otros. Muchos de ellos tendrán que probar la legitimidad de esos capitales y en el caso de políticos, tendrán que ofrecer explicaciones convincentes a sus conciudadanos.

La corrupción sigue teniendo grandes incentivos en la medida que siguen existiendo mecanismos que permiten ocultar dineros mal habidos como las offshore. Los portavoces de la firma de abogados en cuestión se han defendido con argumentos muy pobres comparando su giro de negocios al de una fábrica de automóviles, que una vez construidos y vendidos, ya no guardan responsabilidad los fabricantes si éstos son usados en actos delictivos.

Lo que obvian decir es que el mercado de offshore a diferencia del de autos, está diseñado para un perfil muy específico de clientela cuya primera característica es tener mucho dinero y ganas de ocultarlo. Por su naturaleza, las plazas offshore no preguntan ni indagan el origen de los capitales que allí se depositan, y ofrecen ventajas para el ocultamiento de fortunas sin tener que pagar impuestos, rendir cuentas, pasar por auditorias o cualquier otro mecanismo de control que si tiene la banca regulada.

El primer revés para los usuarios de estas offshore, es entonces haber quedado al descubierto. El paraíso fiscal los ha dejado como Adán y Eva, al desnudo. El segundo es que activa a los controles fiscales en sus respectivos países de origen para eventuales investigaciones en los casos que haya sospecha de flujos ilícitos de dinero. El tercero es que aumenta la presión a los países que cobijan estas plazas para acabar con estos mecanismos de movimientos de capitales sin control y también a los países como Guatemala que se han negado a regular su uso. Y cuatro, evapora la certeza del secreto, tanto financiero como de Estado, roto por el desarrollo tecnológico del mundo actual. En las primeras entregas de este gran destape ya aparecen personajes guatemaltecos clientes de este bufete istmeño. Seguramente no serán los últimos pero su perfil trae consigo sospechas fundadas de que connacionales forman parte de esa selecta clientela mundial que buscaba refugios para capitales que hoy han pasado del paradisiaco anonimato a ocupar primeras planas y portadas.

Para América Latina, las primeras revelaciones anuncian la formación de diferentes tornados en varios países, cuyos fuertes vientos seguramente dejaran en bolas a muchos políticos que nunca pensaron en un techo de vidrio para resguardar sus capitales.

Hacer uso de una offshore no es constitutivo de delito, pero cuando los usuarios son políticos y personajes socialmente ubicados en la cúspide la pirámide, quedan expuestos ante el público pues muchas veces son precisamente esos dirigentes los que sermonean a la población sobre la importancia de cumplir con sus obligaciones ciudadanas, entre ellas el pago de impuestos.