El migrante tan cerca del discurso político y tan lejos del bienestar

El migrante tan cerca del discurso político y tan lejos del bienestar

El día de hoy se celebran en Estados Unidos elecciones legislativas de medio término, un evento político que llama la atención global en el que se ponen en juego temas de agenda de la gran potencia pero también definitorios a nivel global.

Uno de los temas dominantes de esta campaña agresiva y hasta cierto punto violenta discursivamente hablando, ha sido la migración ilegal exponenciada las últimas dos semanas por el surgimiento de las caravanas humanas que salieron de los países que integran el triángulo del norte de Centroamérica.

En los spots de la publicidad de varios candidatos republicanos se les presenta como hordas de violadores, ladrones, narcotraficantes que constituyen una amenaza a la sociedad y familias estadounidenses y que solo Trump es capaz es detener y cuidar la frontera para que no ingresen.

Sin duda, la migración ilegal en general pero particularmente la generado por la de los tres países centroamericanos pasó a ser tema de campaña interna de Estados Unidos siendo un foco de atención que se suma a la definida área de seguridad interna definida como prioridad.

Los migrantes mientras tanto ya no solo son grupos marginados e invisibilizados en sus países de origen de donde huyen por la falta de oportunidades de empleo y educación, sino a que ahora buscan entrar a un lugar donde les espera la estigmatizaron y la persecución.

En ambos lados, de donde huyen y a donde quieren ingresar, son objetos más que sujetos según la conveniencia política del momento. Los gobiernos de los países centroamericanos son incapaces de articular un plan creíble para frenar las olas migratorias y se conformar con seguir presentando excusas a Washington de su falta de resultados, eso si nunca olvidan visitarlos en las principales ciudades del norte pidiendo el voto y ofreciéndoles lo que nunca cumplen.

En Estados Unidos la oferta más atractiva es la de los políticos que ofrecen criminalizar y castigar ejemplarmente a los inmigrantes ilegales y de quienes se suman a la idea de construir un muro para impedir su ingreso. O sea que ni aquí ni allá se avizora nada bueno para quienes no encuentran lugar para asegurarse una vida digna en su propia tierra, condenándolos a ser forasteros permanentes.