El triángulo sin norte en busca de nuevos liderazgos para salir del atolladero

El triángulo sin norte en busca de nuevos liderazgos para salir del atolladero

La elección presidencial en El Salvador del pasado domingo confirmó los pronósticos y vaticinios anunciados en las encuestas y tuvo como indiscutible ganador a Nayib Bukele, el más joven de los contendientes que logró romper el último bipartidismo sólido que quedaba en la región centroamericana.

Entre los hechos destacados de los resultados obtenidos en la jornada electoral que confirman una tendencia global están: que los partidos tradicionales que no renuevan sus modelos tradicionales de gestión partidaria, están condenados a ser desplazados por liderazgos desapegados a las viejas estructuras; el ascenso de las redes sociales como el medio más influyente para hacer campaña; el agotamiento del discurso polarizador de izquierda y derecha sobre todo cuando los que pretenden construir esa dicotomía son reconocidos políticos corruptos y que contar con más financiamiento no garantiza una victoria fácil como antaño pues tanto el FMLN como partido oficial y Arena con el apoyo del gran empresariado no lograron con muchos más recursos a su disposición, vencer la propuesta irruptora de Bukele.

Bukele abre brecha en el denominado triángulo del norte que yo insisto en llamar sin norte, en lo que podría convertirse en una tendencia regional que puede contagiar y repetirse en Guatemala próximamente y en Honduras más tarde, con la aparición de nuevas fuerzas y liderazgos que proyectan una ruptura con el modelo de poder tradicional que exhibe demasiados fracasos y déficits hasta llevar a cuestionar si hay viabilidad de recuperar la gobernabilidad y estabilidad de dichos países bajo el mismo molde.

Solo así se entiende el voto castigo severo que recibió el bipartidismo salvadoreño a manos de un político joven sin mayor estructura pero que tuvo la habilidad de interpretar el malestar de la gente con dos opciones que no pasaban de recitar una supuesta bipolaridad ideológica discursiva que se fue cayendo a pedazos tras conocerse la escandalosazcorrupción que en verdad practicaban y escondían detrás del envoltorio ideológico.

La población cree cada vez menos en la alharaca ideológica que normalmente es usada por redes político económicas para esconder los verdaderos propósitos de su agenda de convertir al Estado y las instituciones públicas como un eje de acumulación de capital mediante negocios y obras de mala calidad y escasa pertinencia que siguen deteriorando el bienestar público y la calidad de los servicios.

Centroamérica y en particular el triángulo sin norte han sido víctimas de la voraz corrupción de sus elites políticas y sus financistas, pero mientras sigan vigentes las reglas mínimas de la democracia, el ejercicio del voto es el recurso con que cuentan los ciudadanos para mandar a su casa a quienes abusaron de la confianza depositada en ellos.

El reto que tiene Bukele no es menor aun con el masivo respaldo ciudadano recibido pues los partidos tradicionales mantienen una amplia mayoría dominante en el Congreso. De hecho una de las propuestas más llamativas de su campaña, que es crear una comisión internacional contra la corrupción y la impunidad, debe sortear la oposición de las elites política y económica que siguen sin entender el llamado de atención de los votantes.