El triángulo sin norte expulsa cada vez más migrantes

Los problemas que agobian a los países que integran el llamado triángulo del norte de Centroamérica, que yo denomino “países del triángulo sin norte” tienen en común que devienen de una historia compartida de estructuras político, sociales y económicas arcaicas propias del siglo XIX y XX, cuya falta de transformación provoca un sostenido crecimiento de niveles de pobreza y violencia e indicadores de desarrollo infrahumanos.

La manifestación más cruda del agotamiento de los modelos sobre los cuales se gobierna a estos tres países, es la masiva e imparable migración forzada de cientos de miles de hombres, mujeres, niñas y niños que año con año emprenden camino hacia la frontera norte buscando incursionar ilegalmente a Estados Unidos en busca de oportunidades económicas que no encuentran en sus países.

La semana pasada se celebró en Washington una reunión de seguimiento de la Alianza para la Prosperidad a la que acudieron las autoridades nacionales de los tres países centroamericanos y por parte de Estados Unidos una delegación encabezada por el vicepresidente Pence y el secretario de Estado Pompeo, cita en la que las partes rinden cuentas de sus respectivos compromisos.

Para Estados Unidos se trata de un asunto de seguridad nacional desde 2015 cuando fue elevado a esa condición después de producirse un ingreso masivo de menores no acompañados un año antes.

En la cita quedó de manifiesto los limitados alcances que ha tenido dicho iniciativa al punto que fueron más evidentes las llamadas de atención que el repaso de resultados alcanzados. La delegación estadounidense hizo ver su molestia y reclamo de que en lugar de disminuir, los flujos migratorios siguen aumentando incluso para el caso de Guatemala citó un 75 por ciento más de capturas registradas de personas intentando cruzar la frontera.

Del lado de los gobiernos del triángulo sin norte, la misma tónica de intervenciones que reuniones pasadas, hablando de la carencia de recursos y la falta de cumplimiento de los desembolsos pactados con Estados Unidos. Incluso en esta reunión las quejas se ampliaron a temas de política interna, como fue el caso del presidente Morales que alegó intromisión extranjera en las cortes del país, pero al mismo tiempo, llega con una solicitud de fondos millonarios a los mismos que señala indirectamente de injerencia.

Los gobiernos de los tres países llegaron como lo han descrito varias fuentes que cubrieron el evento, en posición sumisa compitiendo por atraer la atención y visto bueno del Gobierno estadounidense, pero sin convencer dados los pobres resultados que pueden exhibir en los temas que realmente preocupan al Gobierno del norte.

Tratándose de gobiernos cuyas cabezas están severamente cuestionadas y sin mayor respaldo social de sus pueblos, a Hernández lo acompaña el estigma del fraude, a Morales su enfrentamiento con la CICIG y escasa aprobación de su gobierno y a Sánchez Cerén que no asistió le toca en unos meses transferir el mando a un opositor dado el escaso apoyo del candidato oficial, los pronósticos para que dicha iniciativa avance por un sendero más prometedor es ilusorio. Ninguno de los tres gobiernos ha sido capaz de presentar resultados de éxito que indiquen un cambio de las condiciones que provocan pobreza, violencia y migración.

Mientras tanto las olas de migrantes siguen ocurriéndose a diario incluso en caravanas multitudinarias, como la que partió de Honduras esta semana y que oportunistamente pretende frenar el Gobierno guatemalteco.