Empezar la era post corrupción

En todos los sectores se percibe incertidumbre y frustración por el destino del país ante la ausencia de liderazgo político que de un norte y señale un camino certero para construir los pilares de un nuevo modelo político y de desarrollo que dé respuesta a los grandes déficits y problemas que agobian a la mayoría de la población.

El modelo rentista y de saqueo de los últimos treinta años dejó un saldo incalculable de deudas sociales que hoy están pasando factura con altos índices de violencia, desnutrición infantil, infraestructura colapsada, masivos flujos migratorios, desempleo y sub empleo, perdida de recursos naturales sin aprovechamiento para el desarrollo y la instalación del crimen organizado en vastos espacios del territorio nacional que imponen su propia ley.

Nada de lo anterior es posible enfrentarlo con instituciones cooptadas por las redes económico políticas que siguen detentando el control de las mismas en beneficio propio, dejándolas vaciadas de sus misiones constitucionales. Por eso las investigaciones que llevan a cabo el Ministerio Publico y Cicig no solo son en cumplimiento de su mandato legal, sino que además actúan como podadora de toda la maleza nacida en los campos que eran fértiles para la corrupción.

Para recuperar esos terrenos perdidos debemos no solo podar la maleza que es el trabajo que ejemplarmente están realizando MP-Cicig, debemos concebir nuevos planes y diseños de cooperación interinstitucional y de relaciones entre lo publico y lo privado para construir sinergias con el mundo exterior, atrayendo capitales e inversión que son necesarias para cosechar los resultados que se requieren para atender los graves déficits de desarrollo.

Quedarnos cortando la maleza sin trabajar la tierra para una nueva siembra nos asegura seguir en el circulo vicioso que nos encontramos. Lamentablemente, los cuatro años del actual gobierno serán una pérdida total para iniciar la reconstrucción anímica e institucional que el país demanda. Lejos de eso, empezamos a ver la repetición de vicios de administraciones anteriores tales como la clientelización de los programas gubernamentales y la expulsión de los escasos buenos funcionarios que no se prestaron al manejo discrecional de las instituciones y sus recursos.

La era post corrupción debe empezar con el reconocimiento de nuestras fallas a lo que ya se están sumando cada mas sectores, incluido el empresarial que hasta hace pocos meses daba muestras de reticencia, y debe seguir con la instalación de espacios plurales de discusión y propuesta para cada una de las áreas estratégicas nacionales.

Estando a tan solo meses de la convocatoria a nuevas elecciones, se hace apremiante acelerar la confección de propuestas para que sean los grupos ciudadanos, de la mas variada composición, los que pongan sobre la agenda los temas y prioridades que los políticos deben recoger y adoptar, a fin de evitar una nueva mala experiencia como la sucedida con el actual gobierno que interpreto su triunfo electoral como un cheque en blanco.

Guatemala no pueda darse el lujo de seguir ensayando a prueba y error la gobernabilidad del país, la ciudadanía a través de sus diversos liderazgos debe asumir la tarea que los políticos de turno ha abandonado, y eso es poner sobre la mesa los problemas, discutirlos y tomar acción para resolverlos.