En jaque y con mates

Como ha sido habitual en los casi tres años de calentar la silla presidencial, el presidente Morales vuelve a hacer alarde de patrioterismo barato, esta vez desde el podio de la sede de Naciones Unidas, donde despotrico sin cesar contra ese mismo organismo por apoyar a Cicig, en pose altanera y queriendo dar atol con el dedo mediante una lectura retorcida de la realidad nacional presentando a los acusados de actos de gran corrupción como víctimas de persecución selectiva, erigiéndose como el salvador y defensor de las redes político económicas que han tenido cooptadas las instituciones del Estado.

Este discurso fue hecho en una condición que en cualquier parte del mundo merece ser cuestionada y rechazada, en abierto conflicto de interés por ser el mismo uno de esos personajes investigados y señalado de actos de corrupción. Esa condición obviamente nunca fue revelada por Morales quien intenta hacerse pasar como niño de primera comunión, en una actuación tan mala como las que solía hacer en su programa moralejas.

Tampoco hizo ver que llego a Naciones Unidas en condición de rebeldía y desobediencia de una orden judicial de la máxima corte del país que representa, ordenando a sus ministros a que desacaten una orden constitucional. En resumen, llego en condición de jaque al no haber tenido éxito en expulsar a la persona y el ente que lo investiga, pero haciendo el mate que está defendiendo la soberanía nacional y hacerse ver como una víctima de persecución política.

Más preocupados que los guatemaltecos por el cinismo de Morales, debían estar los países vecinos principalmente Estados Unidos y México, que están experimentando un mayor flujo de guatemaltecos intentando ingresar a territorio norteamericano al punto que en lo que va de este año se registró un 38% de aumento en el número de personas deportadas intentando alcanzar su frontera, personas que optan por la migración convencidas que con gestiones gubernamentales como la actual, el país está cada vez más lejos de ofrecerles alguna oportunidad para mejorar sus condiciones de vida.

Teniendo apenas un máximo de 20 por ciento de aprobación de su gestión y sin capacidad de revertir los malos resultados palpables en todas las áreas de los servicios gubernamentales, refugiarse en el falso patrioterismo y una retorcida moralidad es el último de los cartuchos por lo que opta la rosca que acompaña a Morales en su intento por justificar su incapacidad para hacer frente a las tareas de gobierno que demanda la población.

Si en algo si ha dado muestras de coherencia este gobierno, como lo demuestra su discurso ante Naciones Unidas, es que la política exterior expresa claramente su único interés interno que es deshacerse lo antes posible de la exitosa experiencia de combate a la corrupción y devolver el poder a las redes de corrupción que cooptaron al presidente para ese objetivo.

En celebración anticipada de los mates presidenciales, abogados de varios procesados por corrupción están planteando que las acusaciones en su contra deben ser desestimadas pues el ente que contribuyo a descubrirlos esta pronto a desaparecer. Ni color como se dice popularmente, que los operadores de las redes de corrupción se lamen las garras y aplauden las decisiones de su redentor.

Pero la realidad es que hay una orden constitucional que ha puesto a Morales en jaque pues sus pataleos y berrinches no impiden que la decisión de que entre al país de nuevo el comisionado Velásquez depende del organismo internacional que ataca. Postergar la venida del comisionado es una cortesía inmerecida para alguien que suele actuar abusiva y prepotentemente.