“La pobreza es la peor forma de violencia”

Gandhi advirtió este fenómeno que hoy es una realidad en Guatemala que ha sido el único país de Latinoamérica que no logra disminuir los niveles de pobreza pese a haber experimentado un periodo de crecimiento económico regional importante además de colocarse en uno de los diez países más violentos del mundo.

La semana pasada se celebró en la Antigua Guatemala un interesante foro organizado por la Fundación Seattle, que reunió a diversos sectores de los países centroamericanos, incluyendo sector púbico, sector privado, sociedad civil, comunidad internacional, academia y otros, quienes durante dos días dialogaron sobre temas de actualidad que afectan a la región, como los flujos migratorios, medio ambiente, inversión de impacto, asociaciones público privadas, seguridad regional y el empoderamiento económico.

En el panel dedicado al tema “sostenibilidad de negocios”, empresarios guatemaltecos tuvieron un interesante debate sobre los retos que enfrenta el país para superar grandes desafíos como el nivel creciente de pobreza que se dijo, sigue siendo el mismo porcentaje de hace 100 años, y que en gran parte es la causa principal de los flujos migratorios a Estados Unidos y otros países. Esto coincide con lo dicho recientemente por el Banco Mundial en la presentación de su nueva estrategia de país, en relación a que los indicadores sociales siguen prácticamente igual o en algunos casos peores que cuando esa institución hizo primer diagnóstico de país en los años sesenta.

Hubo un diagnóstico compartido por los empresarios panelistas respecto a la necesidad de plantear nuevos modelos de inversión y participación accionaria en búsqueda de esquemas y políticas sostenibles que tengan un impacto directo en la disminución de la pobreza y la generación masiva de empleo. La falta de un plan nacional de desarrollo que oriente la inversión de recursos para apuntalar sectores que favorezcan esos resultados se mencionó como una de las principales anclas para superar los niveles crecientes de pobreza y exclusión. La debilidad de los gobiernos de turno en generar propuestas que convoquen a diseñar una apuesta por el desarrollo sostenible también fue mencionado como otro obstáculo importante.

El pobre desempeño de los gobiernos de turno en materia de desarrollo económico y social ha llegado al colmo de provocar el cierre virtual de créditos blandos por parte de la banca de desarrollo multilateral, ante la poca y en algunos casos nula ejecución de préstamos ya aprobados producto del desinterés de muchas unidades ejecutoras que simplemente no encuentran “incentivos” para hacer su trabajo. De mas esta decir que sobre estos créditos no ejecutados se pagan intereses y cierra la posibilidad de obtener recursos frescos para la ejecución de nuevos programas y proyectos.

Los guatemaltecos no podemos seguir esperando a que los gobiernos de turno tomen responsabilidad sobre los temas de interés nacional. Los actores y sectores de la sociedad estamos obligados a encontrar plataformas de encuentro que llenen los vacíos dejados por la inoperancia gubernamental, abonando el terreno con propuestas y recursos técnicos para elaborar políticas de desarrollo que hoy brillan por su ausencia.

Los jóvenes en sus diferentes formas de organización deben involucrarse más activamente pues son ellos las principales víctimas de la ausencia de modelos de desarrollo exitosos, al quedar 8 de cada 10 fuera del mercado formal por la falta de oportunidades bajo el actual sistema anacrónico. La pobreza y la violencia no pueden ni deben seguir moldeando las vidas de millones de guatemaltecos.