La ruta de la seda y la del paredón

Mientras el gobierno estadounidense anuncia menos presupuesto para el año fiscal 2017, destinado a la Alianza para la Prosperidad y plantea la revisión de los tratados de libre comercio que mantiene con distintas regiones del mundo, incluyendo el TLCN, el gobierno chino anuncia la expansión y el aumento de fondos para su estrategia geoeconómica denominada la Ruta de la Seda, que incluye a numerosos países de Asia y Europa, por media de la cual se invertirán centenares de billones de dólares en infraestructura en países tan diversos como Laos, Pakistán o Serbia.

Las visiones de ambas potencias no podrían ser más antagónicas. Mientras la administración Trump apuesta a una estrategia aislacionista que incluye la construcción de un muro en la frontera sur de México, y propone disminuir su presencia en inversiones y comercio con sus aliados más cercanos, incluyendo la cooperación, la estrategia china apuesta a construir nuevas rutas de comercio que fortalezcan su presencia e influencia en países vecinos llegando hasta Europa. Tan solo cincuenta años atrás las posiciones y estrategias de las dos potencias eran exactamente contrarias argumentando justamente lo opuesto de lo que hoy defienden.

Para Guatemala que se encuentra en un momento crucial en su historia, con un modelo político y económico agotado y sin ningún protagonismo ni siquiera en su zona más cercana de influencia como es Centroamérica, la situación se asemeja a la de un bote en altamar sin instrumentos de navegación, es decir a la deriva simplemente sujeto a los vientos que le muevan.

Mientras que para la región asiática se pronostica una recuperación económica sostenida, en la región latinoamericana hay incertidumbre y las proyecciones no son tan optimistas dadas las amenazas de restricciones comerciales y revisión de tratados solicitados desde el gobierno estadounidense. En particular, en Guatemala preocupa aún más los bajos niveles de inversión tanto pública como privada y la ausencia de una hoja de ruta que aborde los principales problemas del país.

El próximo 15 de junio, se llevará a cabo en Miami un encuentro entre las más altas autoridades de Estados Unidos, incluido el vicepresidente Pence, con los mandatarios del triángulo norte de Centroamérica, a la que han sido convocados empresarios de México y Colombia, en lo que muchos califican como un relanzamiento de la Alianza para la Prosperidad pero que pretende poner el sello distintivo de la actual administración republicana. En la agenda dominan los temas de seguridad y economía, destacando lo que podría ser un nuevo eje compuesto por México y Colombia en la implementación de la denominada alianza.

Este nuevo encuentro nos toma sin el liderazgo necesario para negociar mejores condiciones de nuestra participación no solo como receptores de recursos públicos y privados extranjeros, sino como proponentes de nuevos modelos de desarrollo que puedan hacer frente a los grandes desafíos que enfrentan los tres países centroamericanos que comparten modelos fallidos de poder que provocan oleadas de migrantes que huyen de la violencia y la falta de oportunidades.

Sin duda la ruta de la seda definida por el gigante de oriente contrasta con la del paredón impuesta por la gran potencia en nuestra zona, situación que nos obliga a ser doblemente creativos y responsables en buscar nuestra propia ruta para alcanzar niveles de inversión y desarrollo que no llegaran mientras sigamos anclados en las mismas caducas y viejas estructuras que todavía nos mal gobiernan.