La vieja política se atrinchera

Recuerdo muy bien cuando hace 10 años, los alcaldes del país reunidos en asamblea de ANAM, enardecidos reclamaban su autonomía para no ser sujetos obligados del uso del portal de compras y contratación gubernamental denominado Guatecompras, desafiando abiertamente no cumplir con el reglamento de la ley, pretendiendo gastar sin que les alcanzara esta nueva herramienta de control del gasto público.

La semana pasada más de diez años después, como si nada hubiera ocurrido en el país durante esa década, los alcaldes alzan su voz nuevamente para decir que el antejuicio es sagrado y que sin él no pueden ejercer sus funciones, desafiando abiertamente una de las propuestas de reforma constitucional recientemente planteadas por los mismos presidentes de los 3 organismos de Estado, que busca reformar el andamiaje de justicia en el país.

Lo más sorprendente no es que los alcaldes que son la expresión más genuina del quehacer político nacional dominado por una visión de ejercicio del poder discrecional, clientelar y rentista, mantengan inalterable su escala de valores y de prácticas, sino que el presidente que fue electo por una ola de indignación ciudadana con esa vieja forma de hacer política, sea el primero en salir apoyando la pretensión de los caciques locales.

Abiertamente, los alcaldes son los primeros en declarar la guerra al tibio, moderado y casi insignificante proceso de reformas forzado por las protestas ciudadanas del año pasado. También han alzado su voz para revertir las reformas a la ley de compras y contrataciones aprobada por la presión social en diciembre último, que los obliga a realizar eventos de cotización en el portal guatecompras para realizar las cotidianas compras directas. Algo tan elemental en cualquier proceso de gasto público o privado, como cotizar para obtener los mejores precios y calidades del producto que se desea adquirir, resulta ofensivo para las autoridades que gobiernan territorialmente al país.

En pocas palabras, los señores alcaldes tienen como agenda revertirnos al punto cero del prematuro proceso de reformas institucionales. Si a esto sumamos el amague del presidente de no ratificar las tibias reformas electorales aprobadas a regañadientes por el Congreso, queda claro que en el país la vieja política goza de excelente salud y los acontecimientos del 2015 tan solo fueron un resfriado que no alcanzo alterar su sistema inmunológico.

Sin embargo, la vieja política aunque cuente con mayoría en términos de autoridades electas, carece de empatía e inteligencia emocional para entenderse con el gran público que a pesar de haber emitido un voto condicionado a las circunstancias que le impone el modelo electoral, está resuelto a emprender reformar y cambios sin que cuenten con el aval de sus supuestos representantes.

Hace 10 años desde Acción Ciudadana desafiamos a las autoridades de ANAM, desmintiendo uno a uno, los argumentos que esgrimían para no estar sujetos al control de Guatecompras. La batalla la perdieron aun con el apoyo del gobierno central de ese momento y las circunstancias de la actualidad son aún más favorables para que los ciudadanos hagamos contrapeso a las retrogradas pretensiones de los representantes de la vieja política.

Si la mayoría de alcaldes cree que no es posible ejercer la función para la que fueron electos sin el escudo de la inmunidad, corresponde invitarlos a pensar en renunciar o promover consultas populares en cada municipio para conocer si sus vecinos comparten la misma agenda. En todo caso, si los alcaldes creen que ellos son una fuerza decisiva en el resultado de la consulta popular para aprobar o no las reformas constitucionales al sector justicia, la contienda sin duda deberá plantearse entre la vieja y la nueva política. Los electores tienen la última palabra.