Mandato inequívoco: ¿Quién con una luz se pierde?

Si alguna cosa ha quedado confirmada después del retiro de la iniciativa de ley del gobierno denominada “recuperación fiscal”, es el mensaje que la sociedad vuelve a reiterar al presidente y al gobierno de turno, que el mandato que recibieron fue para luchar contra la corrupción, y no seguir haciendo más de lo mismo, que fue la especialidad de gobiernos anteriores y que les costó la muerte política.

El mismo presidente Jimmy Morales se encargó en los primeros días de haber sido electo, de interpretar el voto masivo recibido, diciendo que su mandato era el de luchar contra la corrupción. Por eso no ha sido extraño que su propuesta de aprobar un nuevo paquete fiscal, haya sido rechazada casi unánimemente y no necesariamente por oposición a fortalecer la capacidad fiscal del Estado, sino a seguir alimentando a una administración pública ineficiente y llena de agujeros negros donde no importando la cantidad, devora cuantos recursos se le pongan sin dar resultados de impacto social o económico.

Y no es que la ciudadanía este exigiendo grandes reformas de Estado, simplemente demanda orden y eficiencia y señales claras de romper con el modelo vigente de gasto público que privilegia reglones ampliamente conocidos por sus prácticas corruptas. El proyecto de presupuesto 2017, es la oportunidad que el gobierno tiene de confirmar si esta con una nueva política o resignado a seguir los pasos de sus antecesores.

Ya se han consumido ocho valiosos meses sin haber emprendido ninguna tarea reformista importante dentro de la administración pública, periodo en el que gozaba del mayor nivel de apoyo posible para realizarla, siendo el proyecto de ley presupuestario, quizás el ultimito cartucho que le queda al nuevo gobierno para decir que es tal, o caer en menos de un año de ejercicio del poder, en la tercera edad de lo político.

Un presupuesto nacional de gasto, es en esencia la apuesta política que hace un gobierno para lograr resultados prometidos, pero si el mismo refleja la inercia de lo viejo conocido, entonces cualquier pretensión de cambio se queda en el plano discursivo.

Lo mismo pasa con el mandato de lucha contra la corrupción, sino se traduce en una hoja de ruta definida de acciones de corto plazo, queda en el plano discursivo anecdotario, sin resultados que puedan ser percibidos por la población, reforzándose, al contrario, la imagen de un nuevo gobierno doblegado por los agentes corruptos de siempre.

Una parte importante de agenda anticorrupción ya está siendo exitosamente implementada por el dúo MP-Cicig, que es la referida a sancionar los actos corruptos, en este caso mediante decenas de procesos judiciales emblemáticos contra estructuras de poder corruptas. Pero la parte preventiva y de diseño de nuevas políticas, son tareas indelegables del poder ejecutivo.

Inequívoco según el diccionario es aquello que no admite duda y que solo puede ser interpretado, entendido o explicado de una sola manera. Así de claro fue el mandato que recibió el presidente Morales. Por eso perderse en otras tareas que igual son necesarias pero que políticamente no son viables hasta que la población perciba un gobierno más efectivo, eficiente y transparente, es comprar el mismo número premiado que consiguieron los gobernantes naranjas.

La historia es contundente y deja claras lecciones. Solo en lo que va de este naciente siglo, apenas 15 años y medio, el obituario de partidos políticos comprende a todos los que han hecho gobierno, con excepción de un solo partido. El presidente Morales debe verse en ese espejo.