No es lo que dicen, es lo que ocultan

Si en algo se ha vuelto predecible el equipo de gobierno y el mandatario Morales, es en ocultar sus verdaderas intenciones y lamentablemente su informe de gobierno correspondiente al segundo año de gestión, mantiene esa tónica de no decir nada directo y dejar simplemente entrever mensajes que aluden a los temas que le resultan incomodos y que prefiere ignorar como si con ello, dejaran de existir y ser relevantes para la vida nacional.

Muy cómodo le resulto esta vez ir a rendir su informe de gobierno frente a una mayoría parlamentaria afín que comparte molestias y temores ante las investigaciones de corrupción abiertas y en la que han salido afectados un buen número de diputados y funcionarios incluidos familiares cercanos al presidente. Increíblemente borro de la historia, la grave crisis que afecto su presidencia causada por si mismo al querer expulsar del país al comisionado de Cicig, algo que por ciento negó mas de tres veces que tuviera la intención de hacerlo.

Puso la transparencia como uno de sus principales logros, pero sin decir que le sigue molestando que las instituciones que mas han contribuido a combatir y descubrir la corrupción, el Ministerio Publico y la Cicig, actúen con la independencia y el rigor que amerita el caso. Tanto le molesta que ha puesto a la Canciller a quejarse por el discurso ofrecido por el embajador sueco respecto al grave problema que representa la corrupción en el país, en lugar de saludar y dar gracias por la contribución millonaria al funcionamiento de la Cicig, que hace lejanos dos años en su discurso de toma de posesión ofreció apoyar y fortalecer.

Paradójicamente, hizo alarde de liderar un gobierno abierto, pero mando a acordonar el edificio del hemiciclo parlamentario con fuerzas militares y policiales, para alejar a manifestantes y ciudadanos que, con el mismo derecho, querían hacer ver su valoración del gobierno y su inconformidad con el desempeño del Congreso.

Al escuchar los discursos del nuevo presidente de la junta directiva del Congreso y del mandatario, se deja ver una sincronización de mensajes y advertencias. Ambos reclaman legitimidad para tomar decisiones, pero no hablan de que tipo de medidas y acciones pretenden impulsar. Asumen su mandato como un cheque en blanco, es decir como ya fuimos electos podemos tomar las decisiones que nos venga en gana, un concepto del poder totalmente desfasado y que los mismos diputados de la actual legislatura pudieron experimentar cuan alejado de la realidad esta, al verse forzados a recular el celebre decreto de impunidad que aprobaron en septiembre pasado.

Ambos discursos son indicativos que nunca hemos estado tan cerca de la vieja política como ahora. Los personajes son figuras nuevas pero sus pensamientos y visiones no solo son pasadas y anacrónicas sino simplistas y rudimentarias. Nos confirma que el país seguirá bordeando la ingobernabilidad al carecer de dirección e inteligencia para encauzar las demandas de casi la mayoría de sectores que confirman día con día el agotamiento del modelo de poder, pero sin lograr ver el sendero del cambio.

En adelante, la ciudadanía deberá estar atenta para anticipar y reaccionar ante una agenda cargada de inesperados proyectos de ley que, como el famoso acuerdo de impunidad, salen de una manga invisible que consigue mayoría de votos mágicamente, sin que estos sean discutidos, deliberados y mucho menos analizados.