Nuevo Desorden Mundial

Contrario a la ansiada y alguna vez pretendida búsqueda de un nuevo orden mundial, estamos presenciando un panorama internacional bastante sombrío en varias regiones del mundo, que anuncian un desorden mayor que amenaza con seguir escalando.

En Francia, se volvió a vivir el terror con la masacre de civiles en la paradisiaca Niza, justo el día conmemorativo de la revolución francesa, en un acto insólito cometido por un “lobo solitario”. El hecho, ha encendido el debate interno en torno a la lucha antiterrorista y el tema migratorio, dando lugar a la aparición de discursos cada vez más radicales y excluyentes, llegando al extremo que, en una citación al parlamento francés, el máximo responsable de inteligencia de ese país haya mencionado riesgos de una guerra civil, ante el escenario de posibles ataques de grupos extremistas de derecha en contra de comunidades musulmanas residentes en ese país.

Un día después de lo sucedido en Niza, ya circulaban noticias por todo el globo sobre un intento de golpe de Estado en Turquía, el cual fue abortado exitosamente por la cúpula de gobierno del presidente Erdogan, quien ha reaccionado con mano dura encarcelando a más de 6,000 presuntos conspiradores y anunciado la restitución de la pena de muerte, entre muchas otras medidas represivas para contener las fuerzas opositoras al régimen. De mas esta decir, el papel clave que juega Turquía en el ajedrez mundial siendo bisagra entre Europa y el Medio Oriente, en la definición de los conflictos de Siria y las olas migratorias hacia el viejo continente causadas por el conflicto en ese país.

En España, ocurre lo insólito al haber concurrido los ciudadanos a las urnas dos veces consecutivas para no tener gobierno. Esto después del fracaso de las negociaciones para formar un nuevo gobierno, poniendo no solo en entredicho a las ya de por si desgastadas fuerzas políticas tradicionales, PP y PSOE, sino también a las nuevas formaciones de Podemos y Ciudadanos. Falta ver cuál podría ser la reacción ciudadana si finalmente los políticos fracasan en su tarea esencial que es hacer acuerdos, y son convocados a una tercera elección.

Todo lo anterior, ha ocurrido solo dos semanas después que se produjera el remesón que significo la votación en el Reino Unido para decidir su continuidad o no en la Unión Europea. El resultado a favor de salir de la Unión todavía mantiene las aguas financieras y políticas del viejo continente agitadas, siendo todavía muy prematuro medir cuáles serán las consecuencias reales de una votación que, en un solo día, dio al trasto con un esfuerzo de construcción política y económica, de varias décadas.

En Estados Unidos, la ola Trump sigue dando sorpresas y la semana pasada el mismo partido republicano es el que endosa la propuesta del candidato de construir una muralla para dividir dos países vecinos. Como en el caso del Reino Unido, se pretende en una votación echar por tierra un esfuerzo de más de dos décadas que significo el Tratado de Libre Comercio de Norte América, donde ahora somos parte también, que sin duda quedaría con daños irreversibles de construirse tal muro.

El debate electoral estadounidense también está siendo arrastrado por los hechos violentos entre fuerzas policiales y comunidades afroamericanas, una arena propicia para fanáticos extremistas que gustan y sacan raja electoral de los divisionismos étnicos e ideológicos.

En todo este escenario, Guatemala no puede ni debe ser un simple espectador. Aunque nuestra capacidad de influencia internacional es diminuta, bien podemos hacer la diferencia respecto a tendencias peligrosas internacionales, alejándonos del fanatismo y el extremismo ideológico que es el causante como vemos, de las nuevas y viejas crisis que han aquejado al mundo.