Otro año del cangrejo

Los políticos que dominan el sistema y la toma de decisiones en Guatemala parecen todos nacidos bajo el signo del cangrejo. La máxima de que el peor gobierno es el último y el que le sigue, continúa vigente y goza de buena salud por lo que asoma ya para el periódico electoral que está por convocarse en un mes.

Bajo el mandato de este gobierno se ha logrado desmantelar lo poco que se había salvado de la embestida de gestiones anteriores. Los retrocesos son de tal magnitud que ya son visibles en indicadores y estadísticas de todo tipo.

Pero sin ir a cada uno de ellos hay indicadores que son demostrativos de una realidad difícil de esconder. El disparo del número de migrantes que intentan ingresar a suelo estadounidense hasta en más de un cuarenta por ciento ocurrido en los últimos dos años, refleja la angustia y desesperación que agobia a la mayoría de la población que no encuentra ocupación para ganarse el sustento y que al observar cómo se fue esfumando la posibilidad de cambio que se insinuó en el 2015, toma la decisión de abandonar el país.

Talvez el efecto más nocivo que dejan los actuales gobernantes más allá del desmantelamiento y el abandono de los servicios públicos esenciales y la piñatización de los escasos recursos nacionales, es en términos de impacto psicológico al reforzar la idea que el cambio no es posible en nuestro país y que cualquiera que lo intente será castigado ejemplarmente.

Somos el único país de la región donde no se pudo reducir la pobreza en la última década y donde más bien creció en los últimos tres años. La tasa de homicidios que es la más difundida para medir fenómenos de violencia se había logrado reducir, pero empieza a repuntar al alza de nuevo. Las denuncias contra efectivos de la Policía por participar en hecho delictivos que habían mermado significativamente se volvieron a disparar este año.

En competitividad, índice de percepción de corrupción y otros indicadores que son determinantes para la toma de decisiones de inversionistas, seguimos cayendo año con año y se refleja en la caída de los montos de inversión directa donde competimos por ser el país que menos la atrae.

Dentro del plan de la Alianza para la Prosperidad que se negoció con Estados Unidos, somos el país de los tres firmantes, que menos ha cumplido con sus compromisos, teniendo esto como consecuencia el no desembolso de fondos comprometidos por la potencia del norte. Más probable que recibir esos fondos, sea que se retire asistencia como la de los vehículos para combatir narcotráfico sobre los cuales el mismo Congreso de Estados Unidos ha ordenado una investigación para determinar para qué otros usos han servido luego de haber sido usados en la capital para intimidar y amedrentar.

Mientras tanto presidente y funcionarios de gobierno siguen vanagloriándose de inaugurar microobras que corresponderían más bien a un directivo de Cocode o de un alcalde auxiliar y para las cuales se gastan millones por concepto de movilización, pago de vehículos, helicópteros y seguridad, saliendo más caro el caldo que los frijoles como se dice comúnmente.

Todavía queda un año más para que este gobierno nacido bajo el signo del cangrejo siga arrastrando al país a mayores niveles de atraso y subdesarrollo continuando con el legado de sus antecesores y listo para entregar la estafeta al nuevo peor gobierno que resulte electo de un sistema que se niega a morir.