¿Quién rinde cuentas del desastre vial?

En una reciente entrevista el actual ministro de Comunicaciones califico la red vial del país como un desastre, algo que no es noticia para nadie que sufre las consecuencias de circular por las distintas vías del país, pero que pone en evidencia lo difícil que resulta seguir ocultando el saqueo sistemático que ha ocurrido con los fondos públicos destinados a este sector.

Pero lo más destacado de las declaraciones del funcionario en mención es que sigue el mismo patrón de sus antecesores hablando de falta de recursos, sin hacer referencia al esquema corrupto que ha permitido convertir a ese ministerio en un agujero negro que se traga cuantos recursos se le asignen, sin rendir resultados que no sean el enriquecimiento de los favorecidos contratistas de obras sin supervisión, ni control alguno.

El sector púbico de la construcción es según un estudio global de Transparencia Internacional, el más afectado por prácticas corruptas, en gran parte debido a la naturaleza del mismo sector, donde cada proyecto posee características técnicas diferentes, a diferencia de otros servicios estandarizados donde es más factible homologar precios. A esto se suma que los grandes contratistas de la obra pública se constituyeron en uno de los principales grupos financistas de campaña en las dos últimas dos décadas.

También llama la atención las declaraciones del ministro quien afirma que la manera de responder más rápido a la crisis que afecta a toda la red vial del país, es ejecutando por medio de un estado de calamidad, como si esa no hubiera sido esa la constante que impero en los últimos años, asignando los contratos a dedo sin concursos de licitación, siendo precisamente esa discrecionalidad la que provoco el desvió y despilfarro que hoy impactan en el mal estado de la red vial en todo el país.

El fondo Covial que recibe una buena porción del pastel presupuestario para esa cartera se convirtió en un carrusel donde se subían y bajaban los mismos contratistas favorecidos por sus aportes de campaña y no por la calidad técnica de sus propuestas. El colmo es que eran esos mismos contratistas los que diseñaban las bases técnicas de las obras que en teoría deberían realizarse por el ministerio atendiendo los intereses públicos.

Por si eso fuera poco, en la administración del partido patriota se cedió ese ministerio al hoy prófugo de la justicia Alejandro Sinibaldi y entonces delfín para suceder a Otto Pérez Molina, quien según monitoreo realizado y denunciado por Acción Ciudadana en su momento, desvió millonarios fondos para patrocinar su precampaña presidencial a costillas del abandono de la obra pública.

Si en algún ministerio urge una auditoria forense y una reestructuración total es en el Ministerio de Comunicaciones, donde todas las áreas a su cargo han sido cooptadas por diferentes grupos de contratistas tanto de carreteras, vivienda y transporte, supervisión, etc. En pocas palabras, ese ministerio dejo de servir a los intereses públicos, para pasar a ser uno de los bolsones más apetecidos de corrupción y enriquecimiento ilícito.

Las autoridades actuales ya llevan más de seis meses en el cargo sin plantear ninguna reforma o reestructuración, dejando con ello muy claro que su política es seguir alimentando de fondos a ese agujero negro, en espera de los mismos dividendos y resultados del pasado.